En una parte de la entrevista me dijo lo siguiente: “la vida de un reciclador tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Las buenas son que uno tiene plata, pero lo malo es que las personas malas se acercan mucho a ti por tu dinero. La vida de un reciclador es triste, por eso la mayoría somos separados”.
A pesar de haberse enfrentado a hechos horrorosos en su vida como a los 16 años realizó su servicio militar y fue mandado a Tingo María para combatir a Sendero Luminoso y vivir las crueldades que la policía hacía en el lugar, junto con el hecho de haber perdido a más de 40 amigos.
“Chicho” ha sabido llevar la vida y apreciar hasta lo más minúsculo que ésta le ha entregado, por eso, cada noche sale a la calle a realizar lo que más le gusta, siempre acompañado de una peculiar sonrisa y carcajada que lo caracterizan.



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